
Entre risas y alcohol empezó el fin de semana, y se acabó con un plan de lo más tranquilo: primero cañita y tapa de tortilla en el centro, y al final en casa viendo una película y avanzando en la lectura de "Los pilares de la tierra", que me tiene de lo más enganchada. Un fin de semana en el que me he chocado de narices con la realidad, y me he dado cuenta de que no es tan mala como la pintan. Olvidar los problemas y no sufrir por ellos es una terapia de lo más reconfortante. No tener señales de esa persona que te interesa, es duro (lo de Mr. X sigue sin avanzar y estoy perdiendo la esperanza de que lo haga), pero salir, conocer gente y darse cuenta de que el mundo no se acaba por eso, es realmente fantástico. No importa que no llamen al día siguiente. No es lo mismo, pero no importa. Lo prefiero a seguir haciendo castillos en el aire, tan frágiles que se desmoronan hasta con una ligera brisa. Y ya no estamos en la edad media, nadie me va a quemar en una hoguera por divertirme (¡bruja, más que bruja!). Además, es mucho mejor y mucho más divertido que quedarse en casa comiendo chocolate y viendo una peli de llorar, cosa que hice la semana pasada (Moulin Rouge y una tableta de Milka como terapia para el desamor...menuda originalidad). Habrá gente que no lo comprenda, pero no voy a malgastar mis días junto al teléfono, esperando a que el príncipe azul me llame. La Bella Durmiente ha despertado y necesita sentirse viva. Quédate con tu caballo, tu castillo y tu aburrida existencia. No me esperes levantado, esta princesa se va de fiesta.



