La industria discográfica está en crisis. Desde mucho antes de que en este país (no se dice este país, se dice ¡Essssspaña!) los ciudadanos de a pie empezáramos a convivir con esa palabra diariamente. Supongo que fueron unos profetas, nos avisaron: primero caen las ventas de discos, y después todo lo demás. Que si el top manta, que si el eMule, que si ya no puedo pagar mis dos pisos en Miami y Madrid y mi mansión en Extremadura (pobre Alejandro Sanz), que si los litros de alcohol los he tenido que cambiar por vasos de agua del grifo (¡ay de Ramoncín!)….
Gran pena me dan todos ellos. Reconozco que la industria de la música no solo atañe a los cantantes/cantamañanas, que también habrá mucho currante anónimo-barra-pringao que se verá perjudicado por todo el asunto, pero señores, ¿de verdad piensan que el bolsillo de un mileurista, como puedo ser yo, está dispuesto a pagar 22 euros por el nuevo disco de Coldplay? Serán muy buenos, pero oigan, todo tiene un límite. Me repatea ver a gente como los de la oreja de VanGogh declarando en la tele que su deseo de nuevo año es que desaparezca el eMule. Pues mirad “simpáticos”, lo primero, ojalá VanGogh se levantara de su tumba como zombie y os comiera el cerebro a todos, aunque no sé yo si encontraría demasiado donde hincar el diente. Lo segundo, que sepais que si no fuera por el puñetero eMule, seguramente no compraría vuestro disco ni el tato. Porque nadie, al menos nadie que yo conozca, está dispuesto a pagar 20 euros por un disco del que tan solo se salvan dos canciones. Pero si la música es buena, y realmente te gusta, muchos sí estamos dispuestos a aflojar el bolsillo y darnos el capricho de comprar un disco. Porque es verdad, lo que antes era habitual, ha pasado a convertirse si no en una inversión muy bien estudiada, sí en un pequeño capricho que nos damos, como mucho, una vez al mes (e igual peco de optimista!).
Así que queridos artistas, esfuércense por hacer buena música, no solo bodrios compuestos de tres acordes y lo suficientemente pegadizas como para ser comerciales. Déjennos escucharlo y después, si merece la pena, no se preocupen que lo compraremos.
Ayer me dí un capricho. Me pasé por la Fnac y me compré tres discos, un libro y un tebeo. Me he gastado cerca de 30 euros, pero eran música y literatura que creo que merecían la pena. Eso sí, los discos vienen con copyright del 2003, 2004 y 2005. El libro se escribió en 1986 y es una edición de bolsillo y el tebeo data su primera edición del año 1993 (y aún así cuesta 4 euros!). He tenido que esperar 23, 16, 6, 5 y 4 años para comprármelos….
¡Bajen los precios ya!

He aquí parte de mi capricho, ahora a disfrutarlo hasta que ahorre para comprarme el siguiente!