lunes, 10 de diciembre de 2007

Keep the faith


"Baco y Ariadna" Tiziano. 1523/4. Londres. National Gallery


Ariadna era la hija del Rey de Creta, Minos. En esta isla se encontraba el fabuloso laberinto, custodiado en su interior por el Minotauro, que tenía cuerpo de hombre y cabeza de toro. Cuando Minos y su esposa Pasifae conquistaron Atenas, prometieron la paz a sus habitantes con la condición de que cada año enviasen a siete hombres jóvenes y siete doncellas para alimentar al temible monstruo. Uno de esos jóvenes, Teseo, hijo del Rey Egeo de Atenas, marchó voluntario al sacrificio por su ciudad. Su belleza era tal que Ariadna no pudo evitar caer rendida a sus pies. Dado el fatal destino que aguardaba a su amado, decidió ayudarle a escapar del laberinto, proporcionándole una espada para matar a la criatura y un ovillo de oro para que pudiese encontrar la salida. Teseo mató a la bestia, salió del laberinto, y salió de Creta llevándose a Ariadna consigo. Pero la felicidad de la joven no duró mucho, pues Teseo, sabiendo que aquella muchacha no le estaba destinada, huyó, dejándola dormida, en una playa de la isla de Naxos.

Sola y abandonada, la joven rompió a llorar, con esas amargas lágrimas que causa el desamor. Pero no lloró mucho. El dios Baco la oyó, y conmovido, se acercó para ver de dónde procedía tan crudo lamento. En cuanto la vio, no tuvo dudas: se encontraba ante su esposa. Y así la tomó, convirtiendo a la que un día había sido princesa, en Diosa. Como regalo de las nupcias, entregó a Ariadna una corona de oro, y a su muerte, la arrojó al cielo, dónde hoy se la conoce como la constelación Corona Boreal.

No importa lo mucho que nos sacrifiquemos, porque a veces, no existe recompensa. Sin embargo, aunque nos parezca estar sumidos en la mayor de las oscuridades, siempre hay alguien que nos rescata. Ese alguien que hace que la princesa se convierta en Diosa. Es cuestión de tener esperanza, y un poquito de fe.




When the roads gets dark
And you can no longer see
Let my love throw a spark
Have a little faith in me
Tengo un día romántico...y no quiero perder la fe, nunca.

3 comentarios:

Elessar dijo...

Joe Cocker?? Me quito el sombrero (lo se, el chiste es malo).
Lo malo de esperar ese buen momento del que hablas, es que, a veces, la espera se nos hace eterna y dolorosa... y no se si el final valdrá tanto la pena.
Pero bueno, yo sigo esperando, tus palabras me dan ánimo. Encantado de que vuelvas tras tanto tiempo.

1 beso

Ed dijo...

Siempre había creido que la historia de Ariadna y Teseo era una historia únicamente de traición y desamor, pero supongo que olvidé leer hasta el final...

Que cara cuesta la paciencia en estos tiempos que corren. Y la fe, ya ni te cuento.

Gracias por regalar esperanza con tus palabras.

1 abrazo

Mar dijo...

¿Te acabas de mudar y ya estás romántica? Hmmm... sí que nos damos prisa con eso de buscar compañero de piso, je je je ;D.