
Toda adicción es mala. Sí, eso se sabe aquí y en Roma, sin excepción. No hay nada, por bueno que sea, que en grandes cantidades no sea malo. En mi caso, la adicción es al tabaco. Lo confieso, soy una de esas apestadas a las que miran mal si en un bar enciendes un pitillo, o que despierta la compasión de los no fumadores cuando, haciendo un esfuerzo sumo, sales a la intemperie a darle unas caladas a uno de esos palitos del cáncer, sólo por no molestar a los sanísimos compadres que comparten contigo el espacio sin humo. A veces, más que una adicción, es un movimiento compulsivo. Cuando un sábado por la noche no sabes qué hacer con la mano libre que te queda después de agarrar el cubata con la otra, entonces te das cuenta de que quizás tengas un problema. Si eres incapaz de tomarte un café después de comer sin que las ganas de nicotina te asalten, si cada vez que estás 24 horas sin fumar, el humo del cigarrillo del de al lado te huele mejor que un guiso de domingo de tu madre, si una de tus mejores tácticas para ligar es pedir el mechero al guapo de turno.....sí, creo que ha llegado la hora de plantarse.
Y lo bonito que es dejar de fumar. La gente te anima (unos más que otros), y te dicen que seas fuerte, que puedes hacerlo, que es fácil vivir sin tabaco, que si has conseguido fumar sólo 5 al día (de 10 a 5 en una semana, supera eso Ferrari!) lo mejor es que empieces a no fumar ninguno. Hasta los anuncios de la tele te lo pintan de color de rosa: el Help "por una vida sin tabaco" nos enseña lo denigrante que es nuestra actitud, que hasta somos capaces de ir a buscar el tabaco a la papelera, después de arrojarlo decididos a dejarlo de una vez por todas. Luego está el "reduce hasta dejarlo", con ese pobre hombre jugándose la vida en medio de un temporal sólo por unas caladitas. Aunque mi preferido siempre fué ese de no sé que chicles en que un brazo musculoso le echaba un pulso a una mano de humo, y ¡coño!, le ganaba. Así de fácil!
Ahora, lo que nadie te cuenta es que la tos persistente va asociada al proceso, que una vez que empiezas a dejarlo y las mucosas de tu garganta recuperan humedad, te pasas el día tosiendo cual abuelo en busca del inistón. Tampoco te avisan de los efectos de la bajada de nicotina en el organismo, que por mucho que yo intente sustituirla por cafeína, no, no es lo mismo. Mi nivel de tolerancia ante determinados seres humanos en esta última semana ha bajado tanto, que hasta yo misma me asusto. Estoy irritable, tosiendo sin parar, y tomando café cada dos horas. Y cada vez que huelo humo....mmmmmmm...joder, mi cerebro se pone en off y lo único en lo que piensa es en sacar el mechero y prender un maldito cigarrillo, tragar humo y disfrutar del momento.
La vida es muy corta, y no deberíamos privarnos de hacer aquello que nos gusta, pero cuando aquello que te gusta sabes que te va a acortar la vida.....maldito dilema. Hay gente que quiere dejarlo y no puede. Mi problema es que puedo dejarlo, y sin embargo, no quiero.