lunes, 1 de octubre de 2007

Como un burro amarrado en la puerta del baile

Vaya una semanita la pasada. Con un montón de trabajo y un humor de perros, lo único que deseaba era que se acabara cuanto antes. Cuando tengo una semana como esa, me apetece levantarme el lunes y cambiar de actitud, salir a la calle con el filtro de color rosa en la mirada, intentando ver todo más bonito, más estupendo y "más mejor" en general. El problema es que, por mucho que lo mire, no encuentro la forma de verle el lado rosa a mi situación laboral (por llamarla de alguna manera). Sigo puteada, como al principio, sólo que ahora además, también me siento estafada. Tras miles de promesas de un contrato que no llega, por fin empiezo a darme cuenta que era todo un espejismo, un cebo, una especie de meta inalcanzable, una invención sacada de la manga para mantenerme contenta y que siga trabajando con ilusión y sin protestar. Me siento como un burro al que le ponen la zanahoria delante para que camine, pero que no llega a pegarle un bocado, porque el hijo de puta que va montado en él no se la dará nunca.

Sólo espero acabar el DEA, leer mi tesina, y si por entonces sigo sin cobrar...
En fin, me temo que este filtro rosa no funciona.