domingo, 16 de marzo de 2008

Alma rota

Llegó a casa cuando apenas tenía 3 semanas, porque 8 de sus hermanos habían desaparecido misteriosamente en una sola noche. Teníamos miedo de que él también desapareciera, así que no nos quedó otro remedio que empapelar el suelo de la cocina con periódicos viejos, compar un biberón y leche en polvo, y tratarlo con el mayor cariño del que éramos capaces. Todo fué muy bien, al principio. Y a pesar de no ser un mal bicho, siempre tuvo cierto comportamiento agresivo a la hora de comer, sin que nadie le encontrara un motivo lógico. Nunca jamás jugamos con su comida ni se la quitamos. Su veterinaria intentó ayudarnos, aunque tampoco sabía darnos un motivo para su forma de actuar. Poco a poco creimos educarlo. Comía en la mano, comía en su comedero tan sólo cuando se le ordenaba que lo hiciera. Seguía siendo revoltoso, pesado, un tanto hijon de puta, le encantaba morder y picarte para que le persiguieras. Jugando a la guerra era feliz. Y tan capaz de pasar de un mordisco en el pantalón a un lametazo en la cara si te ponías serio y le reñías. Pero conmigo...nunca me consideró un miembro superior en su manada. No supe ganarme su respeto a tiempo, a pesar de que sí tenía su cariño. Nunca me obedeció demasiado, nunca respondió a mis castigos o a mis llamadas de atención, hasta hace dos semanas. Se comportó de forma tan educada que creí que por fin las cosas habían cambiado. Con un año recién cumplido, por fin este mostruito está asentando la cabeza. Y eso me hacía muy feliz. Hasta ayer mismo. Confiada en que su nuevo comportamiento se mantendría, le llevé su cuenco con comida. Gran error. Sin previo aviso, y mientras estaba comiendo, se avalanzó sobre mi, y no para darme un lametazo, precisamente. No sabemos qué pudo haber desencadenado su odio, pues mi madre también estaba presente y tampoco se lo explica. Ambas nos manteníamos a una distancia prudencial del bicho mientras éste comía, pero de pronto, levantó la cabeza y comenzó a gruñirle a mi madre. Seguimos sin movernos, para no asustarle ni causar un ataque de ira, pero 5 segundos después del segundo gruñido, se giró hacia mi, y se me echó encima sin que yo tuviera tiempo para retroceder. Enseñándome los dientes hasta más arriba de las encías, sólo tuvo oportunidad de engancharse a mi brazo, y cuando intenté separarlo de mi con la mano, me la mordió con una fuerza tal, que el dedo corazón de la mano izquierda me ha quedado marcado de por vida. Por fin, y gracias a la ayuda de mi madre, logré sacudírmelo de encima, y salir por patas fuera de su alcance. Esta noche apenas he dormido del dolor, pues cada vez que me giraba encima del brazo lastimado, veía las estrellas. Y ahora mismo estoy tecleando casi con sólo una mano, pues el dedo corazón me duele como si me lo hubieran molido a martillazos. Pero eso no es lo peor. Lo peor es el analizar la escena del crimen una y otra vez, buscando quién tiene la culpa, porqué me atacó, qué es lo que has hecho mal en esta ocasión, pues con los anteriores nunca tuviste problemas. Lo peor es recordar los ojos casi fuera de las órbitas de un animal al que se le supone lealtad y respeto hacia sus dueños, y pensar qué demonios le habrás hecho para que te odie de esa manera. Lo peor es la angustia de pensar que tal vez el ataque se pueda repetir, y que en lugar de a mi, el siguiente sea un niño al que se encuentre por la calle paseando. Lo peor es que siempre he amado a los animales, y siempre lo haré, y a pesar de lo que me ha hecho, quiero a este perro.

4 comentarios:

Mar dijo...

Pues tenéis un problema... porque cuando un perro se vuelve contra sus dueños y sin provocación, chungo. Podéis llevarlo a un adiestrador, aunque es una pasta. En todo caso, quien mejor te puede aconsejar es el veterinario, que tendrá experiencia con perros conflictivos y te puede recomendar alguna solución.

Desesperada dijo...

Cris, tienes que ir a un adiestrador. Si el perro tiene un año tiene seguramente solución. El primer error es haberle consentido de cachorro que sus dueños no pudiesen retirarle la comida. Si quieres que te recomiende a uno escríbeme un correo a ladesperate@gmail.com. hay uno en Vigo que es uno de los mejores de Galicia, el de Ramalladas.

Ana dijo...

Des, al perro sí que podíamos quitarle la comida de delante. No sin cierto trabajo, es verdad, pero se podía. Incluso quitarle la comida de la boca cuando robaba algo que no queríamos que se comiese. Sí es verdad que se cabreaba si se la quitábamos, pero como con el tiempo se fué calmando, ya hacía bastante que no lo hacíamos, confiábamos en él. Y no es el primer perro al que criamos, así que puedo decir con seguridad que lo que me hizo no es normal. Lo del adiestrador lo estamos pensando, pero buscamos a alguien más cerca, que Vigo nos queda bastante a desmano! Por cierto, que no me llamo Cris, soy Ana! Un beso y gracias por los consejos, que buena falta nos hacen!

Desesperada dijo...

ay, perdona, ana, tenía abierto a la vez el blog de cris y se me fue la perola.

no te preocupes que esto que te pasa no es cuestión de haber criado a más o menos perros. pero hasta que te pasa no sabes reaccionar. a mí me pasa con mi belga, de vez en cuando se pone agresiva con gente desconocida, tuve verdaderos problemas, y también tengo perros hace años.

aunque te quede a desmano, intenta llamar al chico de ramalladas, es como el encantador de perros de Cuatro, seguro que te recomienda a alguien cerca de tu casa. verás como puedes solucionarlo. normalmente las reacciones agresivas pueden dominarse... y si no tendrás que pensar en sacrificarlo, pero antes intenta que algún experto analice su conducta,. un beso, reina, si necesitas algo, ya sabes dónde estoy.