martes, 9 de diciembre de 2008

¡Volví!


Ya soy licenciada con grado (yuju!). Fueron unos 20 y pico minutos de charla (20 y pocos según mi emocionada madre y 20 y muchos según mi muerta de aburrimiento hermana), al principio medio agónica, porque no era capaz hablar y respirar al mismo tiempo con los nervios, y ya hacia el final, hasta medio pasota, pensando ¿es que nunca voy a acabar con esto? La ronda de preguntas, muy bien. Es lo que tiene que los tres miembros del tribunal sean profesores de tu área (desde luego no es lo mismo que te interroguen 3 desconocidos que 3 personas a las que ves a diario desde hace dos años!!). Después, un montón de comida, que sobró y nos dio para estirar los pinchos 3 días. El vino, por supuesto, me lo acabé yo (jejejeje).

La verdad es que fue un gran alivio el firmar por fin los papeles, esos que me han costado 117 euros, y que certifican que soy una licenciada con grado, título que aún nadie ha sabido explicarme muy bien lo que es, porque está pasado de moda el hacer tesina. Y además, en plena revolución por lo del plan Bolonia, ¿quién sabe en que se convertirá? Hoy le llaman tesina, mañana grado, y a lo mejor, dentro de 4 días, postgrado, maestría, máster o hasta incluso máster del universo (toma!). Total, que yo creía que me iba a sentir distinta con lo del título, pero va a ser que no, que todo sigue igual. Al final, decidí aplazar los 15 días de vacaciones que me quedaban este año y gastármelos para pasar las navidades en casa de mis padres, porque la pasta no da para fugarse a un paraíso tropical, por desgracia…El caso es que mi jefa, emocionada, casi con lágrimas en los ojos, el día siguiente a la tesina, al verme llegar al trabajo por la tarde, me pregunta: “¿Vas a trabajar hasta el día 22?” Y yo respondo, encogiéndome de hombros y con un hilillo de voz: “Sí”. Entonces ella, con ese brillo que se le pone en los ojos cada vez que está pensando en putearm….estoooooo, en darme nuevas ideas para la investigación, me dice: “¡Genial! Si te vas de vacaciones en Navidades, aún nos da tiempo a hacer un montón de cosas antes!”. Es en ese momento, justo en ese momento, cuando esta galeganavaranda empezó a sentirse como si hubiera comido una de esas galletas que se comía Alicia en el país de las Maravillas, y que la hacían volverse pequeña, pequeña, pequeña…..y así hasta hoy. Cuando a mi jefa le brillan los ojos, sólo puede significar una cosa: problemas.


Sí, porque el concepto del tiempo de un jefe no es el mismo que el de un empleado. Creo que es algo que les pasa cuando aprueban la oposición, o cuando los hacen fijos. En algún momento del camino olvidan que las horas no tienen más que sesenta minutos, y que las jornadas laborales, por mucho que nos esforcemos, no pueden durar todos los días 12 horas! Pero claro, es fácil llegar a las 9, ir a comer a las 14, volver a las 16 y a las 19 h exactas, irse a casa. Llueva, nieve, haga sol, o esté tu becario sepultado en experimentos, con los sesos a punto de hervirle dentro del cráneo. No importa, a las 19 h, a casa, que hay que cuidar de los hijos/hijas y del marido/mujer. Porque un jefe se distingue de un becario en muchas cosas, pero principalmente, en una: un jefe tiene vida social. Un becario no. Un jefe tiene una vida fuera del laboratorio, tiene sus asuntos personales. Un becario tiene que llevarse sus asuntos personales al laboratorio, porque ante la carencia de vida social, ¿a quién le va a contar sus problemas? ¿a un tubo de ensayo? Pues no. De ahí que en mi laboratorio vayamos siempre todos a comer juntos, es nuestra hora de terapia de grupo!! Y por supuesto, los festivos no son iguales para un jefe que para un becario. Para un jefe son una oportunidad de desconectar. Para el becario, una putada porque “justo ese experimento que te mandé hacer te llevaría toda la semana, y claro, si el lunes es festivo, ¿qué vas a hacer?” “Puedes pasarte por el laboratorio 5 minutos (de nuevo entra en juego la percepción distorsionada del tiempo) y preparas todo para el martes….” De esta forma, cuando se quiere dar cuenta, el becario, chantajeado emocionalmente, y sintiéndose estafado, se pierde de nuevo un día de vacaciones.

Por suerte, aunque a veces parezca una mierda, mi trabajo no es el peor del mundo. Tiene horario flexible, es decir, que se entra cuando se llega, y se sale cuando se acaba el trabajo, lo que significa que tanto se pueden hacer jornadas de 9h a 21h como de 12h a 17h. Y en el segundo caso, es genial, aunque el viernes pasado a mí me tocó de 12 a 22…bueno, 10 horas tampoco es tanto, pero si trabajas en el culo de la ciudad, en medio del monte, y tienes que esperar 15 minutos bajo la lluvía, a oscuras y en completa soledad por un puto autobús…..

Por otra parte, los festivos trabajados, de vez en cuando, se recuperan. A veces los cambio por días que me convienen más. Por ejemplo, si el festivo es un martes o un miércoles, pues trabajo el martes o el miércoles y me cojo libre el viernes, para hacerme mi propio fin de semana largo. Además, otra característica que distingue a los jefes es que una vez tienen despacho, lo convierten en su hábitat natural. Ocupan su nicho ecológico entre cuatro paredes, dos estanterías, una mesa con ordenador y un montón de papeleo. Pasan poco por el laboratorio, con lo cuál, la mayor parte del tiempo podemos estar cantando a gritos, hablando de nuestras cosas, y planeando maléficos planes para llevar a cabo con el hielo seco (en plan Flipy, pero a lo bruto, que para eso trabajamos en el monte). Eso sí, cuando mi jefa se aburre, se dedica a visitarnos en el laboratorio, y no le importa de qué se esté hablando, porque como se aburre, se meterá en cualquier conversación que oiga.


Pero no, no me puedo quejar. Peor sería estar en la mina picando carbón, o levantándome todos los días a las 4 de la mañana para amasar pan, o para recoger la basura. Y con todos mis respetos para estos trabajos, por supuesto, pero no me puedo quejar. Lo único malo es que creía que una vez acabada la tesina iba a tener tiempo para la vida social. Pero no. El brillo en los ojos de mi jefa ya me hizo presentir que las cosas no iban a salir tal y como yo lo había planeado. De todas formas, hace dos sábados sí socialicé. Volví a ver a mis amigos después de 3 semanas sin olerlos!! Y además, como uno estaba de cumple, tocó cena (a la luz de las velas, porque FENOSA tuvo la cortesía de dejarnos sin electricidad justo cuando íbamos a empezar a cenar…) y marcha hasta las 5 y pico, que ya hacía un tiempo que no nos retirábamos tan tarde! (uy, qué carrozas somos, me acabo de dar cuenta!). También vi a Mr. X y lo único que puedo decir es que no fue como me lo esperaba. Lo que pasa es que aún no sé si eso es bueno o malo. En fin, debería cerrar el capítulo de Mr. X de una vez por todas, pero es que cada vez que lo intento, me sale algo nuevo, y joder, que yo así no juego! Desde luego, el capítulo de Mr. Y, alias “el farlopero” lo cerré con una velocidad pasmosa. Fue difícil, pero rápido. Como arrancarse una tirita, que cuanto más fuerte tires, antes sale y menos duele. Luego, creí que iba a haber un Mr. Z, y que además, era un Mr. en condiciones: guapo, serio, responsable, trabajador, 4 años mayor que yo, y (no es que sea importante, peeeero) forrado de pasta. Pero nada. Una noche de flirteo, nos cambiamos el teléfono, un par de semanas de toquecitos y de sms, y al final todo se quemó en una única noche. Ahora sólo me llama cuando (supongo) se aburre. Suele llamarme los sábados y a las 5 de la mañana. No pude haber un mensaje más claro que ese! Por suerte, o por desgracia (esto tampoco lo tengo muy claro..) el hombre tiene el don de la inoportunidad, porque siempre que me ha llamado a esas horas, me ha pillado en casa, bien porque ese sábado había llegado temprano, bien porque era un sábado de esos en los que, sintiéndome viejuna como soy, me quedo viendo la tele en casa de mi madre (como por ejemplo este sábado). La primera vez que me llamó, le mandé un sms al día siguiente, sms que por supuesto no contestó. Ahora me toca hacerme la difícil. Si quiere quedar conmigo, la próxima vez que me llame a las 5 de la tarde para invitarme a un café, y no a las 5 de la mañana para invitarme a su cama (hombre ya!!).

En fin, siempre me quedará Mr.(plan)B, alias “el pelirrojo”. Puede que no sea el hombre de mi vida, que no sea un lumbreras, que no me cuente nada de su vida y que se cierre en banda cada vez que intento tener una conversación seria, pero al menos con él una siempre sabe a qué atenerse. Si lo que necesito es tan sólo unas risas fáciles, algo de diversión, y estar acompañada hasta la salida del sol, Mr. B siempre es la mejor opción. No promete llamar al día siguiente, se queda a dormir pero no a desayunar, no quiere conocer a mis amigos, mucho menos a mi familia, y no le importa que no le quiera. Es cruel, lo sé, pero es lo mejor que tengo. Al menos hasta que aparezca el príncipe Azul, o el próximo Míster…..


Y tras esta parrafada, me despido ya por fin! Tanto tiempo sin poner el blog al día, que ya tenía ganas de hacer una entrada densa y con un poco de todo: tesina, trabajo, jefes, amigos y místeres.

(Necesito vida social….)